La montaña rusa emocional
Todos hemos experimentado la volatilidad de nuestras emociones. Un día te sientes capaz de conquistar el mundo, lleno de paz y seguridad; al siguiente, una noticia negativa, un comentario o un simple cambio de ánimo te hace sentir que Dios está lejos o que tu vida está fuera de control. Es una realidad humana: las emociones son como el clima, cambian constantemente.
Sin embargo, el peligro comienza cuando le otorgamos a nuestras emociones el «voto de calidad» para definir nuestra relación con Dios. Si basamos nuestra seguridad espiritual en cómo nos sentimos al despertar, tendremos una vida cristiana fragmentada y llena de dudas.
La fe no es un sentimiento, es una decisión
La fe, en términos bíblicos, no se trata de «sentir» algo especial. La fe es la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). Es una postura del corazón que elige creer en la verdad de Dios por encima de la evidencia de nuestras circunstancias o el vaivén de nuestro estado de ánimo.
¿Por qué es esto vital para tu crecimiento? Porque cuando aprendes a separar tus emociones de tu fe, dejas de ser un esclavo de tu entorno. Cuando te sientes triste, tu fe te recuerda que Dios es tu gozo. Cuando te sientes ansioso, tu fe te recuerda que Él es tu paz. La fe es el ancla, y tus emociones son simplemente el barco que se mueve con el viento; el ancla es lo que evita que naufragues.
Cómo entrenar tu fe para ser inquebrantable
Para alcanzar esta madurez espiritual, necesitamos pasar de la «fe de sensaciones» a la «fe de convicciones». Aquí hay tres pasos para lograrlo:
- Conoce la Palabra (El mapa): Tus sentimientos pueden mentirte, pero la Biblia no. Si hoy no te sientes amado, no escuches esa emoción; escucha lo que dice el Salmo 139 sobre cómo fuiste formado por Dios. La Palabra es tu punto de referencia objetivo.
- La adoración como anclaje: La música cristiana que escuchas en Radio Sed Libre tiene un propósito: alinear tu mente. La adoración te obliga a quitar la mirada de tus problemas (y de tus sentimientos) para ponerla en la grandeza de Dios. Es la mejor herramienta para recuperar el equilibrio.
- La disciplina de hablar la verdad: Aprende a decir: «Hoy no me siento bien, pero mi Dios es bueno». Admitir cómo te sientes no es falta de fe, es honestidad. Pero negarte a dejar que esa emoción dicte tu identidad es la verdadera victoria.
El ejemplo de los grandes héroes
Pensemos en David. En los Salmos, él es brutalmente honesto sobre sus emociones: miedo, soledad, ira, angustia. Pero casi nunca termina un Salmo igual que como lo empezó. Comienza con el «sentir» y termina con la «decisión de confiar». David aprendió a elevar su fe por encima de sus emociones. Él sabía que el Dios que lo ayudó ayer era el mismo Dios de hoy, sin importar si él sentía Su presencia o no.
«¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.» — Salmo 42:11
Un cambio de enfoque
Hoy te invito a hacer este ejercicio: si no te sientes conectado, si sientes que la fe te pesa, no te culpes. Simplemente decide confiar un poco más. La fe no es sentir todo el tiempo; la fe es seguir caminando, aunque la niebla no te deje ver el camino. Tu fidelidad a Dios, especialmente en los días donde «no sientes nada», es la muestra más pura de amor que puedes ofrecerle.
¡Hablemos de esto!
¿Te ha pasado que tus emociones te han jugado una mala pasada en tu vida espiritual? ¿Cómo haces para mantenerte firme cuando sientes que la fe se tambalea? Cuéntanos en los comentarios. Somos una comunidad de Radio Sed Libre y queremos aprender juntos a mantener nuestra mirada fija en lo eterno.


